domingo, 9 de marzo de 2014

Canto in-edito (a un buen amigo)




Tú, sabes como yo
que el espejo no miente
ese pedazo de Ártico colgado en la pared de nuestro baño
que nunca se derretirá
a base de lisonjas.
Da igual que le reces-dios ausente-
que le mimes -seno viejo-
que le insultes-curado de espantos-
que le engañes-gato viejo, en la ultima de sus siete vidas-
que siempre cae de pie. 
El espejo no es ajeno
el espejo es el nuestro,
esa venta abierta
que habla con razón y de memoria,
de aquellas otras vidas
que no hace tanto,
le sacaban la lengua sagaz de la ironía.
Tú, sabes como yo,
que el espejo es la conciencia locuaz
con voz de retazo de cristal,
de ese enemigo amargo
al que pedimos cada día
un poco de ternura
y un mucho de olvido.

viernes, 7 de marzo de 2014

Parece que luce el sol sobre el cerezo en flor de mi patio




Parece que luce el sol sobre el cerezo en flor de mi patio/ creo que la primavera está ahí afuera/ debe de haber algo ahí afuera, algo nuevo/
creo que hoy merece la pena sacar los ojos al sol.

jueves, 6 de marzo de 2014

El shervani de seda



De vuelta al insomnio y este no tiene zapatillas de felpa, ni pijama de rayas.
Es un insomnio desnudo que desprecia la suavidad de las sabanas usadas, rehúsa sus pliegues amables, abomina de la cama y sus almohadas y se sienta a pasar la noche sobre el shervani de seda.
No hay tos de gripe, ni dolor de cabeza irreverente, ni memorias de serrín, ni vuelan aguiluchos de las ganas, no hay siquiera un intento de suicidio para poder decir: estoy despierto para matar el tiempo. 
No, no hay vació existencial, ni hambre de pomelos a destiempo. No hay sed,
no hay ruidos, no hay frío, no hay nada que leer, ni facturas por pagar mañana mismo, ni siquiera un poema a pie de dedos que reclame fijarse en un papel para mi historia. 
La noche, aún, no está bien hecha, pero ya no hay libros por ordenar ni quedan por contar quemazones de la lluvia bajo el techo. No hay polvo en los estantes que espantar, ni velas encendidas, ni sahumerios de incienso inspiradores. 
Ícaro no vuela y Kavafis ha dejado de vagar por Alexandria. Eso es todo.
Acaso un vago miedo que se esconde, sin más, en los ribetes del shervani de seda. Sigo despierto buscando el sueño en un vaso de agua que no ahoga.

Pasaje de las treinta puertas.



Son treinta puertas cubiertas por lienzos blancos
treinta labios entreabiertos.
Miradas son, que invitan a la entrega a cambio de dos horas de salario.
Bajo los lienzos
lujuria
en la caricia exótica.
La puertas, ya cerradas,
nucas desnudas,
manos que  santifican,
palabras que queman
a golpe de lenguas,
dedos que amenazan
como navajas en la garganta,
pupilas desmedidas
pestañas blasfemas
miradas parlantes
muslos de nácar
caderas de muerte
oración que culmina sobre un pecho bramando:
¡vida! 
Silencio después
silencio húmedo
de sangre en la nariz.

Obituario. (A Leopoldo María Panero)


A Leopoldo María Panero

Madrid 16/junio/1948- Gran Canarias 5/marzo/2014


¿A quien le importa si el poeta murió 
"Por el camino de Swan"
o si fue en el "Agujero llamado Nevermore" ?
todos son
"Territorio del miedo"
"Cantos del frío" 
"Danza de la muerte"
"Conjuros contra la vida"...

"La flor en llamas"
"Voces en el desierto"
"Buena nueva del desastre".
"Poesía completa":
"Guarida de un animal que no existe "
"Jardín en vano "

martes, 4 de marzo de 2014

Erg Chebbi




Dejar todo atrás
la estancia, la calle, el barrio, la ciudad,
las costumbres, las querencia, las obligaciones y hasta el miedo.
Todo lejos y después Erg Chebbi
tu cuerpo aterido
mis brazos
un segundo antes del  atardecer
dos horas antes de la muerte
y esta vez no volver para contarlo.

Verdicio


Hace tanto ya,
de los días del yodo
en los cuerpos sembrados de firmes primaveras.
Los tiempos  aún no estaban del todo proyectados
bastaba decir un nombre para dibujar la hora siguiente
o silbar en los oídos, camelando, un adverbio de modo: 
mejor, peor, igual, bien, como, cual…
Eran los veranos pequeños retazos de sueño
un poco más allá del privilegio,
en las playas al norte
donde la arena es sal en vuelo
y en la mar, eterna pitonisa de aguas frías,
juegan las algas a devorar los muslos
tumbados con razón, a su orilla misma.
Eran pasos conscientes
sobre alfombras de helechos y eucaliptos
bordeando
sendas retorcidas,
al limite justo, de los acantilados más altos que mis ojos han visto.
Eran días del yodo
sobre la piel desnuda,
desordenado el pelo,
la mirada a la vista
dispuesta a dibujar el misterio, la belleza y sus brumas. 

Es fácil llegar al paraíso
antes de que los sueños 
se transformen en magia derruida,
en ese vago miedo
a no recordar, ya nunca más,
los días del yodo
a que se pierdan por siempre
entre estos decorados de trigos y cartón piedra
tan lejanos,
tan poco míos.